Esto no es contenido. Es mi vida.

Antes de darte más, Dios te hace más.

Hay momentos en la vida en los que todo parece en pausa…
pero no es pausa, es preparación.

Dios no trabaja con prisa, trabaja con propósito.
Y aunque a veces no entiendas por qué las cosas no fluyen como quieres,
por qué se cierran puertas que parecían perfectas
o por qué sientes que estás dando más de lo que recibes…
hay algo más grande ocurriendo que tus ojos todavía no alcanzan a ver.

No todo lo que se siente difícil es un castigo.
A veces es una corrección.
A veces es dirección.
Y muchas veces… es protección.

Dios no te está quitando, te está afinando.
No te está retrasando, te está formando.
Porque lo que estás pidiendo…
requiere una versión de ti que aún se está construyendo.

Y eso duele.

Duele soltar lo que querías.
Duele esperar cuando sientes que ya estás lista.
Duele confiar cuando no tienes ninguna garantía.

Pero ahí es donde nace la fe de verdad.
No la que se dice…
la que se sostiene.

La fe no es creer cuando todo está bien.
Es elegir creer cuando nada tiene sentido.

Es levantarte otro día con el corazón cansado
y aun así decir:
“Dios, confío en lo que estás haciendo, incluso si no lo entiendo.”

Porque cuando tú no ves camino,
Dios ya vio el destino.

Y lo que hoy sientes como incertidumbre,
mañana lo vas a entender como un acto de amor.

No te rindas ahora.
No vuelvas atrás.
No te conformes con menos de lo que sabes que mereces.

Sigue caminando.
Sigue creyendo.
Sigue construyendo en silencio.

Porque lo que Dios está preparando para ti
no solo va a cambiar tu vida…
va a cambiar la forma en la que vuelves a mirarla.

Y cuando llegue ese momento,
vas a agradecer cada proceso, cada espera y cada “no”
que te trajo exactamente hasta donde tenías que estar.

Confía.
Dios no se equivoca contigo.

Deja un comentario